Ahí están sentadas las dos. Puedo verlas a través de la persiana. Hablan de cualquier cosa pero más que nada, hablan mirando hacia acá, como si supieran que yo tengo que salir antes de que tus padres vuelvan. Lo saben.
HAce mucho calor, y los nervios volvieron a llenarte la frente de gotitas transparentes del mismo color de tu piel. Vas y venís. No sabés si mirar por la ventana o seguir metiéndome mano y dejarme ir. Ellas siguen sentadas, en el portón de sus casas, fingiendo que hablan de cosas, de la vida, del tiempo, de Cristina la más chica, pero en realidad están matizando datos. Información visual y auditiva, para poder luego hablar con propiedad, hablar por ejemplo cuando vuelvan tus padres del muchachito que salió de tu casa, doña Vecina, se ve que es muy pero que muy amigo de su hijo, y cómo le va a él? hoy estuvo encerrado todita la tarde, sólo salió un momento y volvió con el amigo este y a las dos horas le abrió el portón y el muchachito se fue, es muy simpático, nos saludó al pasar y nos deseó un feliz año nuevo, estábamos con Clarita sentadas, acá en la calle porque hacía una calor espantosa y yo le dije Clarita, qué simpático, le dije y justo cuando íbamos a saludar a tu hijo se metió corriendo para la casa como escondiéndose, que no sé por qué porque no tiene nada de malo que traiga amigos cuando se queda solo en casa porque se debe aburrir, cómo les fue a Uds. afuera, doña Vecina?
Se te ocurre llamarlas por teléfono, a ver si así entran y yo puedo salir, anónimo y tranquilo, pero el teléfono no suena, lo habrán desconectado para que no las interrumpiera.
Ellas te vieron volver con un desconocido y apuesto mi cabeza entera a que escucharon a tu perro ladrar o a nosotros gritar y desde entonces están ahí, sentadas, intentando descubrir quién soy yo, quién sos vos realmente y qué fue lo que estuvimos haciendo estas últimas dos horas.
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