noviembre y huelo el frío
se me calan los huesos
mis dientes son castañuelas
y mis hombros una cadena montañosa
no por musculosos sino por contracturados
los pies aún no se me ponen azules
aún no
son de un rosa purpúreo hermoso
las uñas grises y las manos muertas
muertas, muertas
me cago en el invierno
además hay que pintar el comedor
y no puedo ponerme tres capas de ropa
lana, cuero, pluma y esponja sintética
porque tengo que ser libre de movimiento
debo poder agitar los brazos
debo poder chorrearme de pintura
agacharme para cargar el rodillo
levantar los brazos para llegar al techo
debo poder trabajar holgadamente
pero no puedo porque tengo frío
llueve
como si fuera poco, llueve
y aunque estoy dentro de casa
con ventanas y puertas cerradas herméticas
la visión del agua cayendo
me retrotrae a las mañanas en las que mi maestra tironeaba de mis pies
y yo me agarraba con alma y vida al marco de la puerta
llorando en horizontal,
suspendido en el aire
aterrorizado con medio cuerpo dentro del aula,
mi madre me contó tantas veces
que cuando era niña vivía presa del pánico a que su madre la abandonara
que al final me veo victimizado por el mismo monstruo
transferencia emocional
como un corredor que le pasa el relevo al siguiente
en las carreras olímpicas
odio el invierno
todos los años lo repito
muchas veces
y me gustaría salir a la calle
gritarlo contra el viento
escupir a la lluvia
hacer remolinos con los brazos
contrarrestar el granizo con rabietas
patadas y gritos contra las bajas temperaturas
hemisferio norte o sur, me da igual,
pero me quedo en casa
me lo aguanto
no digo nada
me callo
porque no puedo con el frío.
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