voy por una calle
de esas antiguas, con adoquines
y edificios de ladrillo
como en una película de Sherlock Holmes
protagonizada por Michael Caine:
poca luz
calles no más anchas que la extensión de mis dos brazos abiertos
poca gente o ninguna
y de pronto
un fogonazo
una explosión casi silenciosa
pero con mucha luz
justo frente a mi
en la ventana al final de la calle
recuerdo entonces que debo un trabajo
me viene a la mente mi ex jefa, Alicia,
diciéndome que necesita el logo
para la bebida importada de la que hablamos
-un momento antes,
estábamos en su oficina
deliberando si el embalaje del producto
iría pegado o simplemente doblado-
y la ventana y la pared que la sostiene
se rompe
vuela por los aires
y deja paso a una especie de hombre lobo
de bicho humanoide enorme -como dos veces mi tamaño-
y entonces se me ilumina el cebebro:
el logo será la cara de este monstruo
y el slogan, algo relacionado con Mr. Hide,
aunque ese concepto en publicidad
esté más trillado que el de Lady Gaga
-quien en realidad no tiene concepto ninguno-
el ser anteriormente citado, da un paso hacia mi
y otro y otro
y misteriosamente no tengo miedo
ni pizca
porque mis dos niños me despiertan
dando saltos en la cama
con un esfuerzo sobrehumano me destapo
estoy empapado
pero empapado de verdad
las sábanas y almohada están como salidas del lavarropas
o mejor dicho,
para tirar al lavarropas
me siento afiebrado
me ducho tiritando
y desayuno un té de limón con dos termalgin.
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